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¿Dónde están los juegos de mesa?

Hace unos meses me fui de vacaciones a Nueva York, y una de las paradas no negociables era la tienda de Toys R Us en Times Square. Estoy seguro que es una de las jugueterías más visitadas del mundo, y sin duda una de las más espectaculares. Tiene tres pisos enormes con todos los juguetes que se puedan imaginar, y como si eso no fuera suficiente, también pusieron una rueda moscobita dentro del local. Lo primero que hice fue pasear por todos los pisos para ver de todo un poco, y luego me instalé en la sección de videojuegos, que es realmente lo único que me interesaba comprar. Pero paseando por esta sección me acordé que esto no siempre había sido así. Desde que era un niño, siempre había otra sección que me encantaba visitar: la sección de los juegos de mesa.

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Latinoamérica atascada

No soy ningún experto visionario que pretende entender perfectamente los problemas económicos, políticos y sociales de la región, pero para percibir algunas de las cuestiones que dificultan nuestro desarrollo, no hay que serlo. Una de ellas, y quizás la que tiene la repercusión más directa en nuestras vidas, es el gobierno.

Para juzgar las acciones del gobierno, así como para casi cualquier cosa terrenal, sirve mucho partir del sentido común.  Partamos entonces, de un principio bastante básico que difícilmente podrá ser discutido.

Dinero fácil, se pierde fácil

Imaginemos que vamos una noche al casino, apostamos un dólar, y en unos minutos se convierten en $50.  Como no nos ha costado prácticamente nada obtenerlos, y no teníamos planeado contar con cincuenta dólares extras, seguramente serán malgastados esa misma noche, quizás en ese mismo casino. Es más, es probable que incluso después de perderlos sigamos apostando para ganar más de ese dinero fácil que tan bien se sintió recibir.

Ahora, pensemos qué pasaría si en nuestro trabajo nos pagaran $5 por hora, y después de 10 horas de trabajo honrado, obtenemos el mismo billete de $50. No vamos a malgastarlo esa misma noche, por supuesto. Vamos a cuidarlo, guardarlo en un banco o gastarlo en verdaderas necesidades. Si queremos invertirlo, vamos a pensar detenidamente para evitar tomar alguna decisión irresponsable, ya que nos ha costado mucho trabajo conseguirlo.

Mi punto es el siguiente: el valor de un billete no es el dígito que lleva impreso, sino lo que ha costado obtenerlo. Traslademos ahora este principio (bastante cuerdo creo yo) a nuestro tema principal.

El gobierno obtiene sus ingresos cobrando impuestos, o endeudándose (deudas que al final, se pagarán con más impuestos). El trabajo que tiene que hacer para conseguirlo es poco o nulo. Entonces, ¿cuánto vale nuestro dinero para el gobierno? Eso mismo, poco o nada. Creer que el gobierno le va a dar un mejor uso a nuestro dinero es simplemente ilógico, y esto nos lleva a una conclusión importante: el gobierno es una institución que es ineficiente por naturaleza. Sus decisiones están viciadas por intereses personales de los políticos, que por más brillantes que puedan llegar a ser nunca podrán asignar los recursos mejor que las leyes del mercado.

Piensen ahora en los bonos que el gobierno entrega a miles de ciudadanos. ¿En verdad creen que están ayudando a la gente pobre dándoles unos cuantos dólares al mes? Lo que a simple vista es un gesto de generosidad y solidaridad, a largo plazo resulta una política que desmotiva por completo el desarrollo y la superación personal de los individuos. Disminuye la responsabilidad personal y aumenta la dependencia con el gobierno, fomentando la mediocridad, la vagancia y coartando los ideales  de superación del individuo.El resultado es un pueblo que cree que no siempre es necesario trabajar duro para ganarse la vida, y desgraciadamente estamos llenos de políticos que se aprovechan de esta mentalidad mediocre.

Ahora, está claro que el gobierno es necesario, eso no está en duda.  El punto es que por su naturaleza tiene que ser limitado.Tiene que promover el sector privado y la responsabilidad individual de los ciudadanos para superarse y construir un futuro con su propio  esfuerzo.  Y no debe entorpecer este intento como lo está haciendo en muchos países.

Latinoamérica ha sido engañada durante décadas por gobiernos “atrasapueblos” que demagógicamente han prometido tener la solución a nuestros problemas. Y lo único que han hecho es tratar de anularnos.  La gente tiene que dejar de ser tan ingenua y los políticos tienen que dejar de ser tan hipócritas.

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